Ryeo se
alarmó al escuchar la última frase, así que comenzó a contarle lo poco que
había vivido en ese mundo.
-Ya veo, al
parecer tienes salvación.- Zhoumi sonrió plenamente.
-Me alegro
mucho de eso pero… ahora quiero saber por qué estoy aquí. ¿Podrías explicarme
eso también?- La respuesta principal había llegado a sus oídos pero no la
segunda.
-Mira…- De
la nada sacó un papel y una pluma… muy extraña; comenzó a dibujar líneas…
letras, figuras, terminando en puros garabatos.
-Ésta es tu
mente, todos tus pensamientos se alojan en ésta parte, mientras en esta otra
tus recuerdos, y por último está… ésta parte.- En el dibujo había rayones que
sorprendentemente eran entendibles, la tercera parte tenía plasmado un signo de
interrogación. Ryeowook tan sólo pensaba que su mente no podía estar tan
revuelta como aquel dibujo.
-¿Y esa
última parte?- Señaló el pequeño con el dedo índice.
-Ésta
parte… verás, esa parte de la mente es un enigma para todos. Puede proyectar
tus pensamientos, crear ilusiones, sueños… no tiene una definición concreta.-
Ryeowook
agradeció con sarcasmo mental a Zhoumi, ahora estaba mucho más confundido.
¿Para qué quería saber eso sobre la mente?
- …No te
ofendas Zhoumi pero eso no me responde la pregunta.- El mencionado sonrió,
sirviendo más té al pequeño, rebozándole la tacita.
-Dime Mi.
Tu mente te trajo aquí, pero yo te ayudaré a salir, cuenta con ello.- Sonrió
una vez más.
-Muchas
gracias.- Wook sonrió de igual manera. Ese chico le había dado esperanzas pero
sobre todo confianza, ya que todo indicaba que en verdad iba a ayudarlo.
-Ahora te
explicaré lo último. Henry te dijo que tenías que ir con el Rey, ¿Verdad?-
-Así es,
¿Sabes cómo puedo llegar?-
Sin
contestar, Mi sacó un mapa y comenzó a plasmar más garabatos… aunque ésta vez
no se entendía absolutamente nada.
-Tienes que
llegar a aquí, nosotros ahora estamos… acá.- Con su largo dedo señaló uno de
tantos rayones, sólo era un montón de líneas juntas, Ryeo no estaba entendiendo
nada de ese supuesto mapa, y lo peor era que Mi no se dignaba a explicarle, le
hablaba las cosas como si Wook tuviera conocimiento pleno de ese mundo.
-No
entiendo nada, no sería mejor si me llevaras tú?-
-¡No!... Yo
no puedo ir tan lejos, está prohibido, pero te diré cómo llegar-
Otro papel
más y Zhoumi comenzó a “escribir” con sus garabatos. Ryeowook, harto de estos
le arrebató la pluma y el papel.
-Yo lo
anoto- Y así fue, anotó cada una de las cosas que Mi le indicó y una vez
teniendo todo, abandonó la casa. Para su sorpresa, un basto bosque rodeaba la pequeña
estructura, por lo cual no tuvo otra alternativa más que adentrarse en éste.
Tenía las
cosas un poco más claras pero continuaba teniendo dudas. ¿Por qué estaba prohibido
que Zhoumi fuera “tan lejos”? ¿Quién había prohibido eso? Preguntas que
atormentaban la cabeza del pequeño, pero eliminó esos pensamientos porque ahora
tenía que concentrarse en seguir las instrucciones que le había dado aquel
chico.
-Hmm… los
árboles rosas me encaminarán hacia donde tengo que llegar.-
Leyendo sus
anotaciones camino entre los árboles y enredaderas. De pronto percibió un dulce
aroma en el aire, luces blancas emanaban de unos arbustos, estaba dudoso de ir
a revisar ese lugar pero su curiosidad estaba ganando, al final se decidió por
ir a ver. Con sus manos apartó la maleza, llevándose una sorpresa.
Tan fácil
había encontrado los árboles rosados, pero no era todo, el pasto sobre el suelo
tenía un color vainilla, muy lindo. El cielo mantenía una tonalidad lila
degradándose a rosa, los rayos del sol le daban unos toques naranjas, pero no
era el momento de fijarse en el paisaje, tenía que pasar a través de esos
rosados árboles para llegar a su destino, mientras más rápido llegara, se iría
pronto a su casa, eso era lo que más anhelaba. Los árboles rosas formaban un
medio círculo, al centro de éste había un chico recostado sobre una enorme
burbuja de agua, alrededor de él danzaban decenas de mujeres con vestidos
blancos, largos, cortos, de tirantes. Ni una de ellas portaba uno igual, todas
tenían cabello largo, sus pieles eran tan blancas, sus labios tan rojos. A
consideración de Ryeowook, todas parecían muñecas de porcelana, se movían con
gracia alrededor de esa burbuja, tiraban flores, se reían, un espectáculo muy
lindo, hasta que…
-¡Basta! …
¡¡HE DICHO QUE BASTA!!- El chico sobre la burbuja gritó. Todo acto se detuvo,
el ambiente quedó en silencio. Al bajarse de esa extraña “cama” de agua, varias
mujeres reflejaron asombro, algunas asustadas, otras preocupadas.
-Argh…
Tenemos un espectador.- El sujeto señaló justo a los arbustos por donde
Ryeowook observaba el acontecimiento.
-Sal de ahí
mirón.- Ya con miedo encima Wook decidió salir de su “escondite” para adentrarse
en ese “Nuevo mundo”, obedeciendo a ésa orden porque no quería tener ningún
problema con esa persona de aspecto serio.
-Hmmm…
Chicas, por favor.- Hizo una seña rara
con la mano y dos de esas mujeres llegaron trotando agraciadamente con unas
esferas que parecían de cristal sobre sus manos. Ambas se aproximaron a Ryeo y
soltaron aquellos objetos encima de él. El pequeño ya sentía dolor cuando en
realidad aquellas esferas eran sólo agua.
Genial,
ahora estaba todo empapado frente a un montón de mujeres y un sujeto extraño.
-Argh… sigues
apestando.- Con desagrado, el sujeto se acercó a él, haciendo una mueca tan
extraña que, si no hubiera sido por su miedo, Ryeo se hubiera reído.
-Pero… si
yo no huelo a nada- Alzó su brazo derecho olfateándose, metió la nariz a su
playera y en efecto, él no olía a nada desagradable, tan sólo era perceptible el
dulce aroma que flotaba en el aire de ese mini-paraíso.
-Hmm…
¿Comiste algo?- Una nueva mueca de desagrado se plantó en su rostro.
-No…- Y así
era, no había comido absolutamente nada desde que llegó ahí.
-Como sea…
¿Qué haces metido aquí?- Con la mano, el desconocido le hizo una seña para que
lo siguiera, retomando su lugar en aquella burbuja de agua. Ryeo lo siguió sin
más; las mujeres continuaban danzando con gracia alrededor de ellos. El sujeto
abordó su burbuja y miró al pequeño.
-Supongo
que quieres pasar al otro lado ¿No?- No esperó respuesta y continuó. –Me llamo
Shindong y bueno… no puedes estar aquí, y no quiero que estés aquí.- El tipo le
señaló los árboles rosados, sorprendiendo así a Ryeo. ¿Tan fácil era salir de
ahí? Iba a averiguarlo.
-Sólo tengo
que cruzar esos árboles para seguir el camino… ¿Verdad?- Un “Ajá” en tono
positivo recibió, así que lo único que hizo fue voltearse hacia donde estaban
esos árboles. Iba a comenzar su camino cuando una de esas mujeres le bloqueó el
paso; en sus manos portaba una cosa muy extraña.
-No puedo
dejar que te vayas así nada más, si vas con ese olor por ahí, podrían pasarte
cosas muy malas, así que hazme el favor de comerte eso, no importa que tan rico
o feo te sepa.- Shindong le advirtió y enseguida la mujer le dio ese “alimento”
a Ryeowook.
Ciertamente
no tenía ni un gramo de confianza para comerse eso, parecían cerezas… de
colores. El vástago constaba de tres pequeñas y redondas frutas, una de ellas
era anaranjada, mientras la otra verde y la última amarilla, cada una tenía
tres hojitas rojas derivadas del mismo.
-No… no
quiero comerlo.- Aún con el fruto en la mano se volvió a mirar a Shindong. Éste
torció los labios, después sonriendo amablemente… un cambio extraño.
-Anda, si
no la comes podrían pasarte cosas horribles fuera de éste lugar… No quieres eso
¿Verdad?-
-¡Claro que
no!... pero… - La verdad era que no entendía por qué ese sujeto estaba
“ayudándolo”. Sus intenciones no parecían malas… bueno, no es que el sujeto
fuera malo pero… Ya, que más daba, las palabras anteriores eran un claro
mensaje de alerta, y no sufriría sólo porque la fruta que tenía que comer se
veía extraña. Dio un muy largo suspiro, desprendió las frutitas de su vástago y
se las metió a la boca. Con miedo por su sabor comenzó a masticarlas; una… dos…
cuatro mascadas y…
-Woah…-
Wook no podía creer el sabor que sus papilas estaban degustando. Era tan dulce,
eran tan jugosas. Una explosión de sabores estaba ocurriendo en su cavidad
bucal, ni siquiera quería pasárselo de tan rico que sabía. Su cabeza no pudo
identificar ningún sabor, eran dulces, ácidas, un poco amargas, un poco
saladas, su textura era un tanto porosa… pero le había encantado.
Shindong
tan sólo lo miró con auto-suficiencia e hizo una seña a tres de las mujeres que
danzaban por ahí. Éstas tomaron a Ryeo y comenzaron a encaminarlo hacia los
árboles rosas mientras el pequeño aún estaba perdido en aquellos sabores. Antes
de que esas mujeres lo “aventaran” del otro lado de los árboles, una de ellas
le informó.
-Joven, le
recomendamos que tome una siesta antes de continuar su camino, las poikis son
muy fuertes.-
-¿Poikis?-
Una vez que se pasó la fruta, miró a las mujeres.
-Lo que
acaba de ingerir- Una de ellas contestó mientras le sonreía, y sin más, lo
empujaron hacia los árboles, haciendo que de inmediato se perdiera de sus
vistas, y es que lo lejos parecían tan sólo tres árboles, pero realmente era
como un mini-bosque. Aquellos rosados árboles eran todos de distintos tamaños,
había pequeños, intermedios, muy altos, pero todos frondosos. A lo lejos divisó
un árbol verde, tal vez por ahí tenía que pasar, tal vez si se acercaba más el
panorama volvería a cambiar, tal vez…
-Creo que
esas chicas tienen razón… debería tomar una siesta, me siento cansado.- No
lograba explicarse su cansancio pero finalmente pensó que no le pasaría nada si
tomaba un descanso, después de todo no parecía haber nadie a sus alrededores.
Así que decidió encaminarse hacia ése árbol verdoso, al cual le daba más luz
que a los demás, tomó lugar debajo de éste, se hizo un ovillo y cerró sus ojos,
no era lo más cómodo del mundo y mucho menos estando todo mojado pero podría
descansar un poco.
Apenas
comenzaba a perder la conciencia, cuando escuchó tenues palabras
“Ahh, sí… No pares, ese beso dulce es
fascinante
Tus rincones y líneas son infinitas… Quítate la
ropa~
Tan sólo baila, ¿Estás listo chico astuto?
El amor fugaz es sucio…
Dulces y sombríos sueños~”
Abrió los ojos, pues todas esas palabras eran producto de un
susurro en una canción.
-¿Por qué hay… música en el… y el bosque?- Hasta hace unos
segundos aún lograba sentir el pasto en sus manos, pero ahora estaba acostado
en el frío piso de un lugar extraño. Rápidamente se puso de pie, observando la
nueva estancia, había mesas y sillas, adornos exóticos. El piso era
cuadriculado a blanco y negro. Las mesas eran pequeñas y redondas, mientras que
las sillas eran negras con motas blancas. Frente a él había un gran espacio
libre y al fondo un escenario, todo indicaba que se trataba de un dance club… o
como vulgarmente sus amigos del colegio los llamaban “antros”. La música que lo
despertó se había convertido en una suave melodía, segundos después
desapareció.
Las luces se apagaron y tan sólo se encendió la del
escenario…
-Kyaaaaaaaaaaaaah~~~~~- Un grito agudo resonó en toda la
estancia, el pequeño Ryeo se alarmó, no sabía lo que vendría.
-Ohhh tenemos un nuevo espectador el día de hoy… - En aquel
escenario comenzó a caminar un sujeto alto, cabello negro y con un traje muy
elegante… él único detalle era que no traía camisa. Éste sonrió al único
presente y comenzó a hablar.
-Por favor, trata de no impresionarte mucho con lo próximo
que verás, nuestras estrellas… y yo, sólo lo hacemos por gusto.- El sujeto volvió a sonreír… de una manera
torcida. Se desabotonó el saco dejando ver su torso marcado, al mismo tiempo
las cortinillas detrás de él se abrieron, revelando un gran sillón rojo, en él
estaba sentado de manera algo exagerada otro chico, y detrás del mismo se
encontraba parado uno más.
El muchacho que permanecía sentado se levantó, jalando las
ropas de el que permanecía detrás, pronto lo liberó y caminó hasta ponerse a la
par del primer presente. En segundos, los tres estaban parados frente al pequeño
Wook. El sujeto de en medio comenzó a hablar.
-Bienvenido a éste hermoso paraíso… La casa ácida… ahh~ YO
soy Heechul.- Hizo una reverencia, a decir verdad era un chico muy atractivo,
tenía el cabello negro y un poco largo, su piel era blanca y parecía muy suave,
su porte era elegante, todo perfecto… hasta que volvió a hablar… o gritar.
-Kyaaaaaaaaaaaaaah- Un segundo grito vino, y ahora Ryeo ya
sabía quién era el generador de estos, el mismo Heechul; gritaba sin razón
aparente.
-Mi nombre es Hangeng- El sujeto del abdomen descubierto
hizo una reverencia mientras sonreía. Él mantenía una apariencia sana, su cara
reflejaba ambición y a la vez amabilidad, su cabello era corto y un poco
despeinado, parecía noble.
-Yo soy Siwon y…- No pudo terminar la frase pues el sujeto
de nombre Heechul tiró del cuello ajeno y lo calló con un beso, era tan rápido,
su lengua de inmediato se escabulló en la cavidad del nombrado Siwon. Hangeng
los miró a ambos, bajando un poco la mirada, se notaba ahora un semblante
triste en su rostro.
Heechul se separó de aquellos labios segundos después,
relamiendo los propios. Miró a Ryeowook y sonrió amablemente.
-Siwon es mi caballo… Me encanta practicar equitación.- Sus
palabras no tenían sentido… al menos no para la mente limpia de Ryeo, es decir…
Siwon era una persona, era imposible que ese sujeto practicara equitación con
un humano… ¿No?
-Y Hangeng… es mi sirviente. Lo sé, soy todo un príncipe… O
debería decir ¿Una princesa?- Río escandalosamente mientras aventaba a Siwon al
sillón. Hangeng con toda libertad pasó su brazo por la espalda baja de Hee, lo
acercó a él y le mordió el cuello. Un gemido un tanto exagerado salio de los
labios de Heechul.
Han elevó una de sus manos y extendió levemente la palma de
la mano, ofreciéndola para que su ‘amo’ la tomara, y así fue. Después de ser
tomado de la mano, Hee fue encaminado hacia el sillón, y éste tomó lugar por sí
solo encima de Siwon, que yacía recostado sobre el mueble. Los tres voltearon a
ver al pequeño Wook y sonrieron al mismo tiempo. Hangeng se ocupó de comenzar a
desvestir a su amo, le quitó el saco y desabotonó su camisa, mientras sus
labios se ocupaban de la fina oreja ajena. Así mismo Heechul comenzaba a
quitarle la ropa a Siwon… y Ryeo tan sólo miraba el acto, no le quedaba de
otra, ni siquiera sabía cómo salir de ese lugar.
Siwon comenzó a mover sus caderas suavemente, creando roces
en el cuerpo de Chul; sus reacciones escandalosas ésta vez fueron más calmadas,
suaves y diferentes. Una melodía suave inundó el lugar, y entre cortos gemidos,
Heechul comenzó a cantar.
“Cereza nega, hazme el
amor, entrégate a mi…
Deja tu semilla en mi
interior~
No importa si no me
amas, ya que yo no te amo…”
Y como su la canción hubieses sido dedicada para él, Hangeng
removió por fin el saco y camisa de Heechul, propiciándole una mordida en su
hombro, dejando de inmediato una marca roja en esa blanquecina piel. Las manos
de Hee habían sido más habilidosas pues ya se encontraban liberando de sus
prendas inferiores a Siwon. Cuando Han estaba desabotonando su pantalón, las
luces del lugar comenzaron a bajar y bajar, hasta que el trío se perdió en la
obscuridad… pero la melodía y el canto de aquel hombre no se detuvieron.
“Torturame así…
Cereza negra, dámelo…
Cereza negra, dame
más…”
Sus cantos cesaron y la suave melodía cambió completamente a
un ritmo más agitado.
El espacio libre que había frente a Wook comenzó a llenarse
de mucha gente, incluso salio una masa de personas de detrás de él que lo
arrastraron hasta en medio de aquel lugar. En menos de 3 segundos ya se veía
rodeado de gente a la cual no podía verles los rostros, no sabía si era por la
falta de luz o qué.
La música continuó y las personas comenzaron a bailar, sólo
así pudo comprender que había sido arrastrado hasta la pista de baile, sin
embargo él era la única persona que estaba ahí, parada solamente. No le
interesaba bailar… ni siquiera le ponía atención a la música, tan sólo era
ruido, él lo que quería era salir de ahí cuanto antes.
Ryeowook se iba a disponer a salir de entre el gentío cuando
sintió a una persona chocar contra su espalda, pero no fue lo único, unas manos
se apegaron a sus glúteos, apretándolos con algo de fuerza, logrando dejarlo
paralizado; de la nada le había entrado un miedo descomunal, pronto unos labios
se pegaron a su oreja y susurraron:
-¿Tú qué haces aquí, ah?... Eres un pequeño muy travieso…-
Pronto las manos del desconocido se posaron sobre el abdomen de Ryeo. Éste
invadido por el miedo, colocó sus manos encima de las ajenas para intentar
separase, pero lo único que consiguió fue sentir como aquel sujeto apegaba su
pelvis contra su cuerpo, comenzando a frotarse contra Wook haciéndole sentir su
hombría.
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