10.11.12

-Varias- Ilusiones entre líneas.

Ilusiones entre líneas.
5 capítulos / 18,050 palabras / nc-17
pair: KyuMin, KangTeuk, HanChul, SiChul, KiHae, KyuHae, YeWook

¿Qué pasa si despiertas en un lugar que nunca has visitado y no sabes cómo salir de ahí? Ryeowook es el protagonista en esta historia~

N/A: Este fic es un poco raro... Espero sea de su agrado! Disfrutenlo~
Letrazos y errores ortográficos corren por mi cuenta.




** 



-Trata de dormir, así te bajará más rápido la fiebre-

-Sí mamá, gracias por todo.-

-Vendré a revisarte más tarde… por si no has dormido y se te ofrece algo. Buenas noches hijo-

Tras sus últimas palabras, su madre abandonó la habitación. Ryeowook se acomodó en su cama, cubriéndose con las mantas mientras suspiraba, era de su desagrado estar enfermo, especialmente teniendo fiebre. Pocos minutos después se quedó dormido.


Una luz tenue golpeó sus párpados, ya había amanecido; abrió los ojos lentamente, logrando ver el claro cielo azul con pocas nubes… ¿Y el techo?
Se incorporó de su… Esperen ¿Dónde estaba su cama? Estaba recostado, sí, y sobre una superficie blanda… pero no era su cama.

-Esto… es el piso- Palpó la superficie con la palma de su mano y sí, en definitiva era el piso, color amarillo pastel… acolchonado.
Todo el suelo era un enorme colchón. ¿Qué clase de sueño era ese?... Para empezar ¿Era un sueño? Ya mismo lo averiguaría. Con su mano derecha hizo una “pincita” con los dedos y pellizcó la piel de su brazo, el cual comenzó a doler en reacción al acto; no era un sueño.
Se puso de pie por fin, notando que no vestía su pijama, traía un pantalón negro de mezclilla, una playera de manga corta a rayas cafés y blancas y nada de calzado.

-Hmm ¿Cómo habré llegado aquí?... ¿¡Y si ya me morí!?- Se puso ambas manos en las mejillas pensando en lo que había dicho. Lágrimas involuntarias comenzaron a salir por el susto de la reciente idea. Las palmas de sus manos cubrieron su rostro mientras continuaba aquel lagrimeo, acompañado de suaves sollozos. Segundos después sintió como una mano le acariciaba el cabello.

-No llores más, no estás muerto-

Ryeo se descubrió el rostro, admirando ante él a un muchacho pelirrojo, con unas curiosas e infladas mejillas.

-¿Qué es este lugar?- Lo miró unos momentos, después palpando el brazo ajeno, asegurándose que no fuera una ilusión óptica.

-No sé- El desconocido sonreía.

-¿Cómo que no sabes? ¿Vives aquí?- Lo miró arqueando las cejas.

-No sé- Volvió a sonreír, alzando los hombros.

-¿Cómo te llamas entonces?-

-No sé-

-¿No sabes ni tu nombre?- Ryeo comenzó a enfadarse y desesperarse, si ese chico volvía a repetir ese “No sé” se juró que iba a golpearlo… o algo así.

-Tengo un violín.- La respuesta cambió, aunque de igual manera no ayudaba en nada.

-¿Cuántos años tienes?-

-¿Quieres que te toque una canción?-

¿Acaso ese tipo lo estaba ignorando? Desesperado lo tomó de los hombros mientras lo sacudía.

-¡Responde algo de lo que he preguntado! ¿¡Me estás ignorando!?- El chico extraño apartó a Ryeo de él y suspiró.

-No deberías ser tan serio, pero está bien, contestaré tus preguntas. Vivo aquí y me llamo Henry.- El desconocido, ahora con nombre, le hizo una reverencia al pequeño.

-Gracias Henry… ahora sí me dices ¿Qué es este lugar?- Respondió con una reverencia algo rápida, mirando sus alrededores ahora. En verdad era un lugar extraño, parecía la habitación de un bebé. Todo el piso era amarillo y de colchón… había “montañas” que realmente eran cubos enormes de tela en colores pastel, hasta donde su vista podía rendir no había ninguna casa; en el piso había muchos muñecos de peluches de distintos colores y distintos animales… ¿Qué clase de pueblo bizarro era ese?

-Si quieres salir de aquí, tienes que ir con el Rey- el chico tomó su violín y comenzó a crear una suave melodía, así mismo se alejó lentamente.

-¡Espera! ¿Cómo llego con el Rey?- …Inútil, ese niño desapareció así nada más.

-Mm… ¿Y ahora?... Tendré que caminar para ver a dónde llego.- Y así el pequeño Ryeowook comenzó a caminar.
No había casas, ni carros, ni banquetas, personas, tiendas, edificios… ¡Nada! Sólo esos muñecos en el piso y algunos árboles.
Tras varios minutos de caminata sintió al dar un paso que la textura del piso había cambiado, cuando se dio cuenta el acolchonado suelo se había convertido en pasto; esa sensación era extraña ya que no traía calzado. Alzó la mirada y como si estuviera en otro lugar, divisó una pequeña colina con un enorme árbol al centro de ésta y una persona recostada bajo la sombra que las ramas repletas de hojas creaban.

-¡Ah!- Dijo en tono bajo, acelerando el paso, pensando que quizá esa persona podría ayudarle. Se aproximaba cada vez más y…

-Qué…?- Al mirar a esa persona recostada ahí quedó sorprendido y un tanto asustado. Frente a él tenía a un chico de cabello negro con una venda del mismo color sobre sus ojos, en el cuello portaba un collar negro con un aro de oro al centro, sus manos estaban atadas con cintas de cuero negro. Vestía unos pantalones blancos, ajustados y algo rasgados en el área de los muslos, su playera era blanca, delgada y con cuello de corte en V… hasta ahí se podía decir que era normal; todo cambió cuando miró ese detalle en su cabeza. ¿Orejas de conejo? … Se movían, eran verdaderas entonces.
Su curiosidad provocó que se hincara frente a ése joven y con su mano derecha comenzó a acariciar una de estas; eran blancas, largas, afelpadas… suaves. Y al parecer la sensación le agradaba, pues cada vez que acariciaba su oreja a lo largo, el chico emitía leves gemidos y se movía un poco. Ryeowook acercó un poco su rostro, hablándole en tono bajo.

-¿Puedes… puedes oírme?-

Esperó unos segundos pero no obtuvo respuesta, sin embargo…

-¡Hey!- Una persona cayó de entre las ramas del árbol, acercándose a ambos.
-¿Qué haces tocando lo que no es tuyo, ah?- Ese nuevo ser se acercó a Wook, empujándolo por el hombro con el pie, haciéndole caer hacia atrás.
-Y ¿Quién eres? No te había visto por aquí… ¿Eres un nuevo cliente? Me encantan los nuevos clientes~-

Ese sujeto estaba hablando cosas raras… ¿Clientes? Pero si no había nadie ahí, además no parecía que vendiera algo. De todas maneras trataría de hablar con él de forma coherente.

-Me llamo Ryeowook, no sé cómo llegué aquí. ¿Podrías ayudarme?-

-Ayudarte… No lo creo. A menos que me compres algo-

Algo que Ryeo detestaba con todo su ser eran los negocios, ni siquiera sabía por qué tenían que existir, sólo daban problemas.

-Tal vez… primero dime tu nombre, y qué es lo que vendes.- El pequeño se puso de pie, mirando al presente, alzando una de sus cejas en espera de la respuesta, tenía que tomar el control de la situación si quería la ayuda de ese desconocido.

-Me llamo Kyuhyun… y vendo drogas- Tras su última palabra se dibujó en sus labios una sonrisa de lado, impregnada de cinismo, de ambición. Ryeowook quedó frío ante tal declaración… drogas, la última cosa que se pudo imaginar.

-Kyuuuu~…- Aquel chico conejo había emitido un quejido extraño, con las manos buscaba la pierna del tal Kyuhyun. El mencionado se agachó, estiró uno de sus brazos hasta tomar entre sus dedos aquel aro dorado y así jalar por el cuello al pelinegro.

-Ahh Sungminnie… No aprendes, no debes interrumpirme cuando estoy trabajando- Con fuerza tiró de aquel collar, obligando al chico a ponerse de pie, retiró de sus ojos la venda y de sus manos esas correas. Al ser liberado, el conejo de inmediato se colgó del cuello de Kyu, lamiéndole el mismo.

-Conejito travieso.- Con su brazo rodeó la cintura de su ‘mascota’ y se dio media vuelta, comenzando a caminar en dirección al árbol.
-Sígueme niño- Le indicó a Ryeowook sin mirarle, y éste sin rezongar acató la orden. El vendedor de drogas era alto, su cabello tenía un tono café obscuro y estaba completamente desordenado, realmente era una persona normal.

Al pie del árbol había una silla, de la cual Ryeowook aseguraba, no estaba antes ahí, pero ya más claro le quedaba que ese mundo no era normal, así que ya no se sorprendió, no tan fácil.
Kyuhyun ya había tomado lugar en aquella silla, cruzó su pierna izquierda por encima de la otra, teniendo al chico conejo hincado junto a él… le acariciaba la cabeza como si fuese un perro, pero al conejo le gustaba, o al menos eso demostraba con su enorme sonrisa.

-Y bien… si dices que me comprarás algo, imagino que tienes con qué pagar- Esa sonrisa de lado volvió a sus labios, recorriendo cada centímetro del cuerpo existente frente a él llamado Ryeowook.

-¿Cuáles son tus precios?- Wook no traía nada de valor encima suyo, las bolsas de su pantalón estaban vacías, no traía algún anillo, ni siquiera traía puesto alguno de sus pendientes, y encima estaba metiéndose con ese tipo raro, haciéndole creer que sí compraría algo.

-Pues… ¿Qué puedes ofrecer tú?- El chico conejo había comenzado a comportarse de una manera extraña, emitía gemidos cortos pero profundos, sus mejillas estaban levemente rojas y restregaba su cabeza contra la pierna de Kyuhyun. Esa escena alteró un poco al pequeño Ryeowook porque nunca había visto algo así, aparte tenía que concentrarse en lo que le iba a responder, no traía nada con qué pagar, y gracias a la escena presente experimentó un bloqueo mental.

-Um… eh… Supongo que tienes alguna tarifa, ¿Podría saberla?- Los nervios de Wook aumentaban.

-Tan sólo propón algo- Kyuhyun contestó, el conejo cada vez se comportaba más extraño.

-Kyu… Kyu!!... Tengo hambre, dame… dame!!~- El chico frotaba su rostro ahora en los muslos de Kyu.

-Estás siendo una carga Sungmin.- Pronunció fríamente, lo cual hizo retroceder al pelinegro, con un semblante triste y tal vez un poco asustado. Wook sólo se limitó a observar la escena.

-¿Dijiste que tenías hambre?-

El conejito asintió.

-Entonces ten- De la bolsa de su pantalón Kyuhyun sacó una píldora rosada, tomó el mentón del chico y la introdujo en su cavidad bucal, asegurándose que se la pasara.

-¿Qué…? – Ryeowook inconscientemente dejó escapar esa palabra.
El conejo Min la tragó y sonrió por un momento, abrazándose después al muslo izquierdo del más alto.

-Kyuuuuu~… Aliméntame ya…- Comenzó a frotar su mejilla contra la hombría de su ‘dueño’, provocando en éste una sonrisa enfermiza; Ryeowook se heló… una vez más ante la escena. ¿Qué era esa cosa que le había dado al niño ese? Y aún peor… ¿Qué seguía?
Como si la pareja hubiera escuchado los pensamientos de Ryeo, el acto siguiente era un Kyuhyun desabotonándose el pantalón, el conejo se encargó de deslizar el cierre de éste con sus dientes, restregando su nariz en ese bulto que recién comenzaba a formarse; un suave gemido emanó de la boca de Kyu, su mano izquierda se posó en la cabeza de Sungmin, acariciándole el cabello; así mismo el más alto miró a Wook ‘regalándole’ una pervertida sonrisa.

-Como puedes ver… Ésta es una exce… excelente manera de pago-

Sungmin se encargaba ahora de lamer aquel bulto, aún cubierto por un bóxer.

-No te quedes ahí… únete-
Estiró su mano derecha, incitando a que el pequeño se les uniera; el conejo en señal de celos le dio una mordida a lo que justo lamía.

-Hnn… conejo malcriado.- Tiró del cabello a Sungmin, alejándolo de él.

-Ahora mismo vas a recibir tu castigo, no debes morder.-

Ryeowook observaba atónito todo lo que pasaba frente a sus ojos. ¿Por qué ese humano híbrido se comportaba así? Y ¿Por qué Kyuhyun lo trataba tan mal? Sin embargo algo que su mente rechazó desde el principio fue esa propuesta estúpidamente indecorosa. Él nunca iba a meterse con dos hombres… y menos si estaban drogados, además ni los conocía. Aún así continuó mirando todo, ya se habían agotado sus esperanzas de recibir ayuda por parte de ellos.

-Sufrirás conejito…- Ryeo miraba cómo Kyu jalaba del cabello a Sungmin. Era un tanto desesperante ver ese acto, aún así no perdió detalle. La mano derecha de Kyuhyun descendió hasta ubicar el borde de su bóxer y justo cuando estaba por bajarlo algo o alguien le cubrió los ojos al pequeño Wookie, mientras en su oído susurraban

-Tú no deberías ver esto.- Ese alguien rodeó el pequeño cuerpo de Ryeo con un brazo, manteniendo sus ojos aún tapados, pronto comenzó a llevárselo y para no caer ni tropezar Wook le siguió el paso. A lo lejos pudo escuchar los gemidos del niño conejo

-Kyuuuu… Castígame ~~ … -

………………………

Pronto los gemidos del conejo cesaron, después de varios minutos de caminata, ese ser decidió soltar a Ryeowook y destaparle los ojos.

-Aquí estamos mucho mejor… no sé cómo llegaste aquí pero éste NO es un lugar para ti, ni siquiera sé cómo fue que llegaste con ese par de enfermos… Dime, ¿Te hicieron algo?-

El valor que el pequeño había reunido antes se había esfumado en segundos, pero algo dentro de sí le indicaba que podía y tenía que confiar en ese hombre… desconocido para variar.

-No sé cómo llegué aquí… ni sé cómo salir. ¿Quiénes y qué eran esos dos?- Relajó su respiración y unas pocas lágrimas corrieron por sus mejillas, no llevaba ni 3 horas en ese mundo bizarro y ya estaba harto, extrañaba y ansiaba su casa y a sus padres.

-¿Por qué lloras?... Oh, ¿Sí te hicieron algo?- El desconocido lo tomó por los hombros, mirándolo directamente.

-No, no me hicieron nada, es sólo eso, no sé cómo salir de este mundo… Por cierto ¿Quién eres tú?-

-Mi nombre es Zhoumi, te contaré todo pero necesito que tú me cuentes primero… tenemos que irnos de aquí, éste no es un lugar adecuado.- Sin más, Zhoumi volvió a cubrir los ojos del pequeño, envolviendo su cuerpo de nuevo con su brazo. Wook tan sólo sintió un pequeño temblor, pronto sus ojos fueron descubiertos y así pudo admirar frente a ellos una casa… escondida entre los árboles. El otro presente lo tomó de la mano y lo llevó a aquella casa.

El más alto guió a Ryeo hasta la mesa de la cocina, lo sentó en una silla, le sirvió una taza de té y tomó asiento frente a él.

-Necesito que me cuentes todo. Con todo me refiero a cómo llegaste aquí, a quién haz conocido, qué te han hecho o dicho… Necesito saber todo… Tal vez no puedas salir de aquí nunca más.-



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